Si al aumentar la temperatura del sistema el producto a moler presenta cambios: de estado, color, textura... la dosificación de nitrógeno líquido o en algunos casos dióxido de carbono líquido facilita la molienda, mejorando el rendimiento final del proceso. La molturación a temperatura controlada se basa en la absorción del calor residual del molino por parte del nitrógeno líquido cuando este se gasifica. En muchos casos un gradiente de 20 o 30ºC es suficiente, con un consumo bajo de nitrógeno, para asegurar el éxito de la molienda. Como termino medio, un metro cúbico de nitrógeno necesita 300 kJ para gasificarse, que se absorbe del medio exterior. Esta característica permite mantener la temperatura del sistema (molino-producto) por debajo del nivel deseado y así asegurarse el rendimiento óptimo de la molturación. Las ventajas de la molturación a temperatura controlada son: